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The Biography of Walter O'Malley



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O’Malley fue rechazado por los políticos en su intento por asegurar el terreno, pagar por él, y después privadamente construir un estadio con domo para los Dodgers en Brooklyn. Sin el apoyo de Moses, quien obstaculizara su paso y estaba a favor de Flushing Meadows en Queens, O’Malley eventualmente optó por reubicar a Los Dodgers en Los Angeles. Esto cambiaría al béisbol para siempre, expandiendo sus fronteras casi 1,500 millas más allá del Río Mississippi anteriormente (en San Luis), hasta la Costa Oeste en plena prosperidad. Al mismo tiempo, O’Malley sabía que la ya legendaria rivalidad con los Gigantes de Nueva York debería continuar, aún cuando uno de los equipos se reubicara. El dueño de los Gigantes, Horace Stoneham, le había mencionado a O’Malley en privado que estaba planeando reubicar a su equipo a San Pablo, Minesota (sede de su equipo Triple A), ya que el viejo Polo Grounds, construido en 1911, estaba deteriorándose y sufriendo de baja asistencia como el Ebbets Field. O’Malley le sugirió a Stoneham que considerara seriamente a San Francisco, ya que los gastos de viaje para todos los equipos de la Liga Nacional podrían reducirse si dos equipos se reubicaban a la Costa Oeste.
Así, San Francisco se convirtió en pretendiente de Stoneham. San Francisco estaba hablando con equipos de las grandes ligas y, a diferencia de Los Ángeles, sus votantes habían estado de acuerdo en proveer fondos para construir un estadio municipal por medio de la emisión de una nota de $4.5 millones. Por medio de una reunión arreglada por O’Malley en Nueva York, Stoneham discutió este movimiento con el Alcalde de San Francisco George Christopher. Los Gigantes estaban listos para reubicarse en 1957 y las autoridades de San Francisco estaban ansiosos de traerlos a la Costa Oeste. O’Malley, por su lado, tenía problemas propios que resolver.
Él tenía que resolver líos por todas partes en Nueva York y cuando se mudó a Los Ángeles inicialmente, pero estaba determinado ha tomar las decisiones correctas y dirigir eficazmente a su triunfadora organización.
Los Ángeles era una ciudad en transición con sueños de grandes ligas. El nivel más alto de béisbol que se jugaba era la Clase Triple A de la Liga de la Costa del Pacífico. O’Malley decidió iniciarse en Los Angeles al hacer una transacción con Philip K. Wrigley, dueño de los Cachorros de Chicago. El 21 de febrero de 1957, O’Malley intercambió el equipo de Ft. Worth de la liga Tejana a cambio de Wrigley Field en L.A. y los Ángeles de Los Ángeles de la Liga de la Costa del Pacífico. Este intercambio brindó a O’Malley la habilidad de asegurar derechos de territorio en Los Ángeles en caso de que más tarde decidiera realizar el gran movimiento. Tuvieron un precio bastante alto, ya que O’Malley y los Gigantes tuvieron que pagar $450,000 cada uno a la Liga de la Costa del Pacífico para tener los derechos territoriales. Cada equipo restante de la Liga de la Costa del Pacífico recibiría una porción del cargo.
Los votantes en L.A. desaprobaron una medida para financiar un estadio municipal de béisbol por medio de notas municipales. El voto apático significó que la propuesta de la nota por $45 millones estaba muerta y esto disminuía la oportunidad de atraer a un equipo de ligas mayores. Entendiendo la importancia de ese voto, O’Malley guardó la noticia del periódico sobre ese tema.7 Se dio cuenta que cualquier dueño que se fuera a ir al oeste, tendría que financiar y construir un estadio de béisbol por él mismo. Pero para O’Malley, era la combinación perfecta, ya que él quería juntar todas las mejores opciones que había observado, e incluirlas en la construcción de este campo de juego. Con su experiencia en ingeniería, era realmente la combinación perfecta. Las autoridades de Los Ángeles se acercaron a O’Malley con la propuesta de que se mudara allá y sin duda, lo tomó escépticamente al principio, porque los alrededores no eran conocidos y estaban floreciendo. Pero después, se dio cuenta del potencial del mercado, incluyendo un lugar adecuado para construir el estadio de sus sueños y buen clima (no se necesitaría un estadio con domo en el soleado sur de California). Se dice que cuando O’Malley vio el escabroso Chavez Ravine, también llamado como la Colina de la Cabra, un 2 de mayo de 1957 en un paseo por helicóptero con el alguacil, él calculó acertadamente la cantidad de tierra que se tendría que mover: ocho millones de yardas cúbicas. También estaba debidamente impresionado con la convergencia de autopistas que redondeaban al terreno escabroso.

7 Gladwin Hill, New York Times, 2 de junio de 1955, artículo “Los Angeles Vote Vetoes Ball Park”




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